Por Tomás Aranda
Me
integré en este sistema cuando me tocó hacerlo; finales de los 70,
renovado y con fe en el futuro. A partir de ahí pude comprobar por
propia experiencia su mal funcionamiento y su falta de sensibilidad
humana, ese mundo que me esperaba ahí fuera no era como imaginaba,
no me permitía vivir libre y feliz, por lo tanto mi adaptación fue
un fracaso.
Fui
comprobando como todo se movía por intereses: ya fuesen sociales o
personales. Frustración tras frustración al comprobar que no
coincidía con lo mejor de mí y la dificultad para conectar con lo
mejor del otro, aunque en muchas ocasiones lo pareciera y en muy
pocas así fuera.
Encontré
eco en otras personas que, al igual que yo no aceptaban la adaptación
en un sistema de valores deshumanizados, pero siempre expuestos a sus
garras y por necesidad unas veces y por intereses otras y cansados de
tanta frustración, unas veces entrábamos “al trapo” y otras nos
autodestruíamos.
Siempre
estaba el sin-sentido esperando en cada esquina, tocaba buscar
alternativas, respuestas...
Ni en
política, voluntariados...etc las encontraba. Sí, veían cosas del
sistema en las que coincidíamos pero luego comprobaba que de nuevo
los “propios intereses ” estaban mandando aquellas acciones,
intereses que solo abarcan a uno y como mucho a una minoría. Es que
nadie hacía nada en el mundo simplemente por ser libre y feliz?, no
veían claro la marginación que se hacía con las personas que no
correspondían a los propios intereses?
Pues
no, no la veían, lo justificaban tan bien en su cabeza que ya ni se
daban cuenta.
Mi
frustración creció, apareció mi rabia y mi aislamiento (otra
consecuencia del sistema).
En
todos estos años he podido comprobar que así ha funcionado siempre
y que así funciona ahora, y es mucha la gente que, en momentos de
rebeldía me han intentado “poner en mi sitio” (a las buenas y a las malas), y en ocasiones lo han conseguido, pero sin encontrarle
sentido por mi parte (como mucho, sentidos provisionales).
Bien,
en este momento actual, parece que mucha gente va despertando, pero
no es tanta como parece. Hay concienciación social pero,
puntualmente. Muchos solo quieren que les devuelvan lo que les han
quitado y a partir de ahí todo puede volver a ser como antes, pero
no ven hasta donde llega el verdadero problema ni lo víctimas y/o
cómplices de un sistema que han sido/son, por lo tanto querrán
recuperar “eso que les interesa” usando las armas del sistema:
Violencia, manipulación etc.
Se
pueden comprobar estas actitudes hoy en día tanto en organizaciones
como en casos personales.
A
pesar de que parezca que ahora se dan cuenta de las situaciones
injustas en las que viven muchas personas, situaciones
degradantes e indignas, solo es un espejismo, ven mientras les toca a
ellos, pero solo sienten su propia desgracia, en el momento que
consigan “ponerse a salvo”, pierden toda perspectiva social
(véase políticos, organizaciones, etc), por tanto es bueno conocer
las armas del sistema y a quien las utiliza, venga de donde venga y
tenga el fin que tenga. El Ser Humano hoy en día, en su mayoría,
carece de objetividad para ver que se mueve por intereses propios, y
utiliza lo que tenga a su alcance para conseguirlo (poder económico,
poder de influencia: prensa, prestigio, poder político, etc) y todo
bien justificado en su cabeza hasta llegar a creer que su causa es
justa. Y como dijo alguien: “Cuando la creencia choque con la
realidad, la realidad saldrá perdiendo”.
Hay
mucha indignación y no menos resentimiento, la situación es caótica
y parece que tiende a empeorar, y si ya sabemos quienes lo provocan,
ahora cuidado con quienes tienen soluciones. Hace falta una
transformación social pero también una transformación personal,
solo quien se da cuenta de esto puede llegar a despojarse de la
violencia que el sistema ha sembrado en su interior y ver las cosas
con más objetividad.
Existe
el refugio de la religión y/o espiritualidad, algo bueno y
respetable mientras no sea impuesto y no necesite negar a otros.
Y
por supuesto aprovechan el momento para entrar en acción
abiertamente: las xenofobias, las revoluciones armadas.... culpas y
venganzas provenientes de las mentes más cerradas.
Los
que poseen algún beneficio no querrán que nada se lo arrebate y
encontrarán argumentos para justificar el funcionamiento de un
sistema que les ha favorecido y aplaudirán cualquier medida que se
tome para evitar su desestabilización.
No
es fácil lo que queda por hacer, pero será preciso tener claro qué
hay que hacer. Y quienes lo tienen claro que se aseguren qué guía
es la que siguen, desde “donde” parte su intención y cual es su
verdadero fin.
Enlace relacionado: Proteger un puesto de trabajo no justifica la violencia
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