Hace
unos cuantos años existió un lugar en Barcelona donde miles de
niño/as fueron criados, alguno/as en edad de lactancia. Pertenecían
a familias des-estructuradas y con escasos recursos económicos o
simplemente no tenían familia. Niñas y niños con verdaderos dramas
familiares y en especial faltos de cariño(e
incluso maltrato).
Ese
lugar donde fueron a parar fue “el hogar” donde completaron su
infancia y parte de la adolescencia, un “hogar” frío y gris
donde la ley marcial de la iglesia era el pan nuestro de cada día.
Las
esclavas de María eran por lo general una monjas bastantes estrictas
y muy dadas a “soltar la mano”. Los hermanos de La Salle eran
curas bastante severos en su mayoría. Tanto las unas como los otros
sustituían las figuras maternas y paternas con las que crecían la
mayoría de niño/as.
Ese
internado estaba situado entre la calle Nuestra sra. del Port y el
Paseo de la Zona Franca, un recinto que unía las dos calles y con
una separación interior que lo convertía en dos colegios: por un
lado el de las niñas hasta la adolescencia y niños de menos de 7
años y por el otro el de los niños mayores de 10 años. En los años
1976/77 pasó a ser un colegio público y desapareció su condición
de internado junto a “lo/as representantes de la iglesia”.
Había
otro lugar situado en Collserola donde residían los niños desde los
7 hasta los 10 años. Es el pulmón de Barcelona, allí hacían la
comunión estos niños. En años posteriores se convirtió en un
lugar de desintoxicación para adictos a la droga, en la actualidad
solo quedan ruinas.
Estos
niño/as vivieron unas circunstancias en un momento histórico en
España en que la represión en general ahogaba los valores humanos,
así experimentaban su nulidad aceptando el castigo y “su culpa”
y por otro lado siendo muy agradecidos ante cualquier muestra de
cariño por pequeña que ésta fuese (es de entender que alguno/as
guarden buenos recuerdos de “tutores” que les trataron algo
mejor).
En
los años posteriores al internado, poco/as de esto/as niño/as
experimentaron una “vida normal”. La droga y la cárcel fue el
destino de alguno/as, y en muchos otros casos la falta de integración
social fue marcando su futuro inclusive hasta la actualidad en la que
rondan y superan los 50 años de edad.
El
relato de cualquier vida de uno de esto/as niño/as pone los pelos
de punta y cuando menos, crea indignación.
Después
de 30 años, alguno/as de ellos volvieron a reencontrarse por medio
de internet y se llevó a cabo una quedada en la cual las emocio-
nes
ocuparon los corazones. Se creó una página en Facebook donde
vario/s contaron sus experiencias, se subieron fotos de entonces y
recordaron todo lo vivido en aquellos “hogares”. Era la
experiencia de hermano/as que volvían a verse (aunque no todo/as lo
experimentaron igual) y coincidían en algo básico: la
importancia del cariño y el respeto a lo/as niño/as.
Poco
duró la unión entre esto/as hermano/as, en apenas dos meses se creó
un conflicto que acabó desuniendo al grupo.
Actualmente
siguen en contacto, no en un grupo que abarque a todo/as pero cada
cual a su manera y con quienes prefieren, lo cual ya es positivo y
deja claro que estas personas no se van a relacionar por hacer un
papel ante nadie sino que, donde estén sabes que están
y los papeles los dejan para los actores, lo cual es de agradecer
para cualquiera que se precie y prefiera la calidad a la cantidad.
Solo los patitos feos se convierten en bellos cisnes al igual que las
experiencias de estas personas las han convertido en verdadero/as
princesas y príncipes.
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